Publico ahora esta inferencia personal para que hagas, amigo lector, una reflexión del sentimiento que me motivó. Cuentan que "las penas compartidas desvanecen su furor". Léelas y si puedes opinar, ¡Házlo! que yo valoraré tu impresión. ¡Albricias!
LAS HUELLAS DE LA PENA.
Me siento agobiado por las penas.
Una incertidumbre extrema nubla mis sentidos.
Mis esperanzas son rotas cadenas
entre los despojos de mis sueños derruidos.
El desánimo anega mi cuerpo
y rebalsa las grietas de mi alma herida.
Mis ilusiones han muerto,
ahogadas, en el cibal de penas de mi vida.
La sociedad me arrulla desdeñosa
con el susurro acre de su indiferencia.
Hastiado, veo hacia la calle añosa,
para despeñar en ella mi impaciencia.
Mas, se desliza ella, huraña, sinuosa,
tras la pétrea y mustia esquina.
Suspiro, clamando al viento ¡Y vaya cosa!
Inspiro, etérea, cruel espina.
Me acurruco en el misterio
de mi soledad austera;
¡Me arremete allí el dicterio
de un temor que me lacera!
Busco en mi febril desesperanza,
la mano noble, en la cual asir la mía,
¡Y el silencio burlón y adusto, punza
mi piel, cual garra harpía!
Grito con espanto,
en pos de un credo convincente
¡Sólo hallo el desencanto
de un vocablo frío, reticente!
Y cuando la sangre enardecida
pugna por romper mi sien ya tensa,
llamo a Dios con voz enloquecida
y con desesperación intensa.
Él se acerca con pausado hálito.
Me observa, mas, con ligereza,
aparta su impecable hábito
de mis manos sucias de pobreza.
Luego parte presuroso, indiferente,
del cielo por la luminosa senda.
Yo quedo en la mía, opuesta y penitente,
de obscuridad y soledad teñida.
Descubro entonces, huellas, ¡muchas huellas!
Tantas, que creo en cada paso,
observar las huellas tuyas, las tuyas, y las tuyas…
¡Tantas!, que indago en este ocaso:
¿Pasaron ustedes por acá un día, acaso?
Matuteric.
Cobán, Alta Verapaz, Guatemala, 6-8-2008.